Y lo que empezó con poesía tiene que terminar con poesía, me dijo H. largando quizás entre lágrimas no exteriorizadas los versos más tristes, que solo por esa noche no le pertenecieron a Neruda.
Si me lamento, sólo es una predicción de mis ficciones. ¿Por qué extenderlo? Ilusiones vanas. Dejo de quererte, porque me duele comenzar a amarte.
Y él nunca fue nada mío, que difiere tanto de decir que no fue nada para mi, y yo que parezco cada vez ser menos de nadie y que intentando amortiguar una caída con un paraguas le digo te quiero y que en teoría hasta el comunismo en bueno y yo lo celebro, aunque en la práctica termine contradiciendome y eligiendo al malo de la pelicula, al opuesto al kitsch. . .
Mi Tomás más perfecto cuando lejos estoy de ser Sabina y soy Teresa. (*)
Así y todo yo también lloré.
(*) leer La Insoportable Levedad del Ser, si, leerla.
Servir con: Ambar Violeta, de Fito Paez.

